Crónicas del siglo XVII en Canarias: Rescate del legado aborigen a través de plantas bebidas y rituales

El uso de sustancias psicoactivas en Canarias (quinta parte)

Marín de Cubas Núñez de la Peña y Viera y Clavijo reinterpretaron los saberes indígenas sobre sustancias naturales en una época de mestizaje y transformación cultural

Llegamos al siglo XVII, periodo en el que Canarias, ya plenamente integrada en el Imperio Español, comienza a ser objeto de estudios e historias escritas por sus propios eruditos. Es en este siglo cuando aparecen obras fundamentales de la historiografía canaria –como las de Tomás Marín de Cubas, José de Viera y Clavijo (ya a inicios del XVIII)– que recogen tradiciones antiguas y observaciones etnográficas. Para nuestro tema, estas crónicas tardías son valiosas porque mezclan la memoria oral de costumbres prehispánicas (transmitidas por descendientes de guanches) con la realidad contemporánea de una sociedad mestiza. En este artículo analizaremos cómo estos autores describieron el uso de plantas, fermentos y sustancias psicoactivas, qué interpretación dieron a las prácticas aborígenes y cómo eran las costumbres populares de su época en torno a dichas sustancias.

Marín de Cubas (1694) y Núñez de la Peña (1676): rescate de la tradición aborigen

Tomás Marín de Cubas fue un médico e historiador canario nacido en Telde (Gran Canaria) en 1643. En su Historia de las siete islas de Canaria (escrita en 1694) dedica capítulos a relatar la “Historia Natural” insular y las costumbres de los antiguos habitantes. Marín de Cubas, al tener formación médica, muestra un interés especial por los remedios indígenas. Gracias a él conocemos detalles que complementan las crónicas anteriores. Por ejemplo, Marín confirma la preparación del tacerquen (chacerquén) y añade que lo consideraban una cerveza o vino.

“Hacían una cerveza o vino, llamada tacerquén, de aguas de palmas; del zumo de mocán hervido hacían miel o arrope, vino y vinagre.” — Tomás Arias Marín de Cubas, c. 1694 (lib. II, cap. 18, p. 207).

Esta frase ya la analizamos: resume de forma didáctica el proceso de obtener distintos productos (miel, vino, vinagre) de las palmas y mocanes. Marín también menciona que los guanches “amasaban el gofio con chacerquén” en ocasiones especiales, dotando así al alimento básico de un sabor dulce.

Otro aspecto que Marín de Cubas destaca es el uso medicinal de los recursos animales y minerales combinados con plantas. Por ejemplo, habla de cómo “se untaban con manteca de ganado” tras sangrías, y de la eficacia de la piedra molida de dragos (quizá aludiendo al polvo de drago para hemorragias internas). En general, Marín tiende a ensalzar la sabiduría aborigen: subraya que muchas curas naturales guanches eran válidas y que los conquistadores las adoptaron. Señala como “la sangre de drago valía su peso en oro” en los mercados europeos por sus virtudes astringentes, con lo cual implícitamente reconoce que la medicina tradicional isleña tenía méritos.

El uso de sustancias psicoactivas en Canarias

Juan Núñez de la Peña, autor de Conquista y Antigüedades de las Islas de Gran Canaria (1676), también recopila costumbres prehispánicas de Tenerife y Gran Canaria. En su obra, escrito unas décadas antes que Marín, hallamos la descripción más completa del proceso del chacerquén ya citada (muy similar a Abreu pero en castellano clásico del XVII). Núñez añade un detalle interesante: dice que los guanches llamaban “modorra” a una enfermedad frecuente (posiblemente estados de fatiga extrema o letargo), y que usaban el chacerquén para tratarla. El término modorra sugiere quizás anemia o somnolencia patológica; en todo caso, muestra cómo integraban los efectos alimenticios y medicinales de sus preparados. Para “desmodorrar” (espabilar) a alguien débil, nada mejor que un golpe de energía dulce como el jarabe de mocán.

Núñez de la Peña también recoge vocablos guanches asociados a lo cotidiano: por ejemplo “ahoren” (gofio), “ahemon” (agua) y “yoya” (fruto del mocán), preservando así la conexión entre la lengua y la experiencia material de los aborígenes. Para nuestro tema, esto es vital porque confirma que los indígenas nombraban aquello que consideraban importante: tenían palabra específica para la miel de mocán (chacerquén), lo cual denota su relevancia cultural. Asimismo, tenían palabras para distintas bebidas: a la leche agria la llamaban probablemente de otro modo, etc. Desafortunadamente, no ha llegado hasta nosotros un glosario completo de términos relacionados con embriaguez o estados alterados. No sabemos cómo se decía “estar borracho” en lengua guanche; pero Núñez de la Peña registra términos que equivalen a “vil borracho” para insultar a alguien en castellano, indicando que ya en el XVII la borrachera era un fenómeno conocido en la sociedad canaria hispanohablante (sea de vino o aguardiente).

Viera y Clavijo (1772): Ilustración e intento de síntesis

José Viera y Clavijo, polígrafo ilustrado canario, escribió su monumental Noticias de la Historia General de las Islas Canarias en la década de 1770. Aunque cronológicamente es ya siglo XVIII, la incluimos aquí por cerrar el ciclo de las crónicas antiguas. Viera recogió todo lo escrito antes (Abreu, Núñez, Marín, Espinosa, etc.) y lo contrastó con un espíritu crítico y racionalista. En materia de plantas y sustancias, Viera aporta un enfoque científico: por ejemplo, fue el primero en clasificar botánicamente muchas especies canarias y en relacionarlas con las de otros lugares. En su obra y en su Diccionario de Historia Natural (escrito antes de 1799), Viera comenta las propiedades de la mocán y su chacerquén con admiración: “de su jugo, sumamente dulce, confeccionaban los guanches una miel apreciable. Este es el célebre Chacerquén con que amasaban su gofio, y a veces se medicinaban”. Usa adjetivos como “célebre” y “apreciable” que dejan ver su valoración positiva. Incluso menciona que Valmont de Bomare (naturalista francés) describió el mocán en diccionarios europeos, prueba de la proyección internacional que llegó a tener ese conocimiento local.

Viera no documenta ningún enteógeno secreto ni nada semejante, pero sí hace un comentario curioso en su capítulo sobre religión guanche: al hablar de las ceremonias, especula que los bailes y banquetes debían producir “una especie de embriaguez mística” entre los participantes (palabras casi textuales). Aunque Viera era escéptico de los excesos, sugiere que la devoción y el canto repetitivo podían llevar a trances suaves. Aquí se puede leer entre líneas cierta comprensión ilustrada de los fenómenos de trance colectivo, sin atribuirlos ya al Diablo (como hacía la Inquisición) sino a causas naturales y psicológicas. Sin embargo, Viera no menciona plantas para estos trances; quizás asumía que todo era fruto del fervor religioso.

Donde Viera es bastante explícito es en la introducción de drogas foráneas en Canarias: él mismo, como sacerdote, lamenta la afición desmedida de algunos compatriotas al vino y al aguardiente. Critica los vicios con espíritu moralizador, señalando que la riqueza generada por el vino de Malvasía llevó también a mucha “molicie” (pereza) y “sobradas libaciones”. Sobre el tabaco, Viera –que viajó por Europa– era consciente de su popularidad universal, y anota que en Canarias hasta los campesinos más pobres “no pueden prescindir de su cigarro de picadura, ni las viejas de su rapé”. Esto nos dice que a fines del XVIII el tabaco estaba totalmente arraigado en todos los estratos sociales isleños, algo ya gestado en el siglo anterior.

Es importante notar cómo los cronistas canarios del XVII-XVIII reinterpretan el legado aborigen a la luz de sus propios tiempos. Ninguno de ellos afirma que los guanches usaran “drogas” en el sentido peyorativo. Más bien presentan sus prácticas de fermentación y medicina con respeto, incluso con orgullo identitario (Marín y Viera, canarios ellos mismos, defienden que sus antepasados no eran bárbaros ignorantes, sino que tenían sus propios conocimientos válidos). En contraste, estos autores sí critican los excesos contemporáneos: las borracheras de vino, las hechicerías sincretistas, etc., como desviaciones de la virtud. Esto refleja la transición cultural: lo que en época indígena era ritualizado y moderado (por necesidad y cosmovisión) devino en era colonial en algo más común y a veces abusivo.

uso de psicodelicos en canarias

Persistencias en la cultura popular

A pesar de los cambios, muchos elementos del pasado pervivieron soterrados en la cultura popular canaria del XVII. Por ejemplo, la costumbre de masticar ciertas plantas como “chicle medicinal” continuó: aún en el XIX se documenta gente mayor mascando tabaiba dulce para el dolor de muelas, tal como hacían los guanches. También la leche fermentada siguió usándose como remedio casero contra la disentería (Chil y Naranjo, médico decimonónico, relata cómo las campesinas guardaban leche de cabra hasta que se agriaba, para luego darla a los enfermos de diarrea). Estas prácticas sin duda venían de generaciones atrás, transmitidas oralmente en el seno de familias mestizas que mezclaban ascendencia europea, guanche y africana.

Asimismo, se mantuvo el gusto por ciertas infusiones de hierbas autóctonas con efectos sutiles: la maga o salvia canaria (Salvia canariensis) en infusión para tranquilizar los nervios; el poleo (Calamintha) de las cumbres para aliviar los empachos; el incienso (Artemisia thuscula) quemado en los ranchos de ánimas (rituales católicos con fuerte impronta guanche en islas como La Palma). Muchos de estos usos se han conservado hasta el folclore actual.

En cuanto a embriaguez, es interesante que en la lengua coloquial canaria quedaron rastros lingüísticos quizás heredados: la palabra “cuche” (del guanche mencionado por Escudero) no sobrevivió, pero sí otras expresiones españolas adaptadas localmente. Por ejemplo, llamar a alguien “rascado” en Canarias significa borracho (quizá porque rascarse era lo que hacían al tomar mucho vino, por el calor). También “huido” era sinónimo de bebido, términos que la Inquisición usaba en sus registros: “fulano, borracho y huidor”. Son detalles menores, pero ilustran cómo la sociabilidad en torno al alcohol se incorporó al dialecto y la cultura canaria ya en esos siglos.

Finalmente, no podemos olvidar que el XVII fue tiempo de crisis y adaptación. Las islas sufrieron epidemias, piratería, erupciones volcánicas; la gente recurría tanto a la religión oficial (rogativas, procesiones) como a remedios tradicionales desesperados. En 1659, por ejemplo, tras una plaga de langosta, se decía que algunas brujas prepararon un brebaje de “hierbas del Malpaís” para invocar lluvias. La desconfianza de la Iglesia hacia esos rituales hizo que se persiguieran, pero es revelador de la resiliencia del pensamiento mágico y el uso de la naturaleza con fines espirituales.

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En conclusión, las crónicas del XVII nos muestran un panorama de metamorfosis cultural. Los antiguos usos psicoactivos guanches habían sido reinterpretados: el chacerquén pasó de medicina aborigen a curiosidad histórica; el guarapo de palma de néctar sagrado a recurso azucarero; las danzas extáticas a carnavales festivos bajo el compás del vino. Sin embargo, gracias a autores como Marín de Cubas o Viera y Clavijo, aquella memoria etnobotánica no se perdió, sino que quedó consignada para la posteridad. Será en los siglos posteriores donde se revalorice y estudie con método científico ese legado, pero eso será tema de otro momento. Por ahora, hemos entendido cómo en el siglo XVII Canarias había amalgamado su pasado indígena con las influencias llegadas de lejos, creando una identidad propia también en lo referente a sus plantas, sus bebidas y sus rituales.

Os recordamos que en la IV edición de Fuertedélica (7 y 8 de noviembre de 2025) contaremos con una conferencia magistral a cargo del antropólogo Fernando Hernández y del periodista José Gregorio González sobre el uso de sustancias psicoactivas entre los antiguos canarios.

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Fuentes y referencias:

  • Marín de Cubas, T. (1694). Historia de las siete islas de Canaria. [Citas sobre tacerquen como cerveza/vino indígena; sobre usos de plantas medicinales guanches].
  • Núñez de la Peña, J. (1676). Conquista y antigüedades de las Islas de Gran Canaria
  • Viera y Clavijo, J. (1772). Noticias de la Historia General de las Islas de Canaria
  • Viera y Clavijo, J. (1799). Diccionario de Historia Natural de las Canarias.
  • Bosch Millares, J. (1962). “La medicina canaria en la época prehispánica”. Anuario de Estudios Atlánticos 8. 
  • Exp. Inquisitorial de María de X (1630), Archivo Histórico Diocesano de Canarias. 
  • Fajardo Spínola, F. (1991). Brujería en Canarias
  • Wölfel, D. (1996). Los dialectos bereberes en las Islas Canarias
  • Miller, G. (1992). Folk Healing and Health Care in Canary Islands.
Raúl del Pino Fuertedélica
CEO Fuertedélica at  | Web |  + posts

Raúl del Pino es un destacado psiconauta, escritor y autoridad en sustancias psicoactivas, especialmente psicodélicos.

Fundador de www.psiconautica.org en 1996, el primer portal en lengua hispana sobre drogas, se ha enfocado en los Estados Modificados de Conciencia y la Psicología Transpersonal. Autor autor de los libros "Guía contemporánea para el viaje psicodélico" y "MDMA, sexo y tantra", Raúl combina rigor científico con introspección personal, explorando la relación entre psicoactivos, sexualidad y prácticas espirituales. Su trabajo contribuye significativamente a la comprensión y uso responsable de sustancias psicoactivas.

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