La introducción de nuevos psicoactivos en Canarias en los siglos XV-XVI

El uso de sustancias psicoactivas en Canarias (cuarta parte)

Con la conquista castellana de las islas Canarias (1402-1496) se produjo un cambio drástico en las prácticas relacionadas con sustancias psicoactivas, fermentos y botánica medicinal. A medida que los europeos se establecían, introdujeron cultivos, bebidas y hábitos nuevos que transformaron la vida cotidiana de las islas.

En este artículo analizaremos cómo en el siglo XVI –ya bajo dominio español– el panorama descrito en la época prehispánica comenzó a fusionarse con las costumbres traídas de fuera: la aparición del vino de uva en la dieta, la producción de aguardientes de caña, la llegada del tabaco desde América, la influencia de la farmacopea europea (incluyendo plantas medicinales foráneas) y la reinterpretación colonial de los saberes aborígenes. Veremos también cómo los primeros colonos y cronistas percibieron estos cambios.

El florecimiento de la vid y el vino canario

Vid común

Uno de los primeros cultivos introducidos tras la conquista fue la vid. Ya en la década de 1490 se plantaron cepas traídas desde España (principalmente de Andalucía) y también de Madeira. El clima isleño, especialmente en Tenerife, La Palma y Gran Canaria, resultó óptimo para ciertas variedades, en particular la uva Malvasía aromática. Para mediados del siglo XVI, Canarias se había convertido en productora de vinos apreciados en Europa. De hecho, el Canary wine (vino canario, generalmente Malvasía dulce) alcanzó gran fama en Inglaterra y otros países, llegando a citarse en obras de Shakespeare.

“El vino de la tierra es de tanta estimación que a Inglaterra y otras partes se envía con nombre de Canarias.”
[Viera y Clavijo, Historia de Canarias, s. XVIII (ed. moderna)]

Para los habitantes locales, la abundancia de vino supuso un cambio cultural: donde antes apenas había bebidas alcohólicas, ahora el vino ocupó un lugar central en celebraciones, intercambios económicos y también en la salud (pues en la medicina renacentista el vino se consideraba a veces un vehículo terapéutico). Los antiguos guanches que sobrevivieron integrados a la nueva sociedad debieron experimentar los efectos del vino europeo. Es revelador que algunos nobles aborígenes, una vez bautizados, tomaran gusto al vino. Las crónicas recogen, por ejemplo, que cierto guanarteme (rey indígena) de Gran Canaria en los años posteriores a la conquista “se aficionó al vino”, hasta el punto de que su embriaguez llegó a mencionarse anecdotariamente en documentos (pasó de la sobriedad austera prehispánica a disfrutar de la bebida importada). En términos generales, el siglo XVI vio cómo el vino desplazó o complementó a las antiguas bebidas. Aún así, en las zonas rurales con mayoría de población indígena o mestiza, es muy probable que se siguieran preparando los fermentos tradicionales (como la miel de palma o de mocán) al menos durante las primeras décadas, hasta que gradualmente el vino de uva y la cerveza de cebada –traída por comerciantes británicos más tarde– los relegaron.

Desde el punto de vista económico, el vino canario se convirtió en un producto estrella de exportación. Los viticultores isleños preferían vender el Malvasía dulce a los barcos mercantes (que lo llevaban a Inglaterra, Flandes o las colonias americanas) antes que consumirlo localmente en exceso. Por tanto, en la propia Canarias del XVI el vino bueno era relativamente caro; las clases populares bebían sobre todo vino corriente (de uvas Listán, por ejemplo, más abundantes) o aguardiente, y reservaban los caldos finos para el comercio. Esto quizá limitó la penetración del alcohol en ciertos segmentos: los campesinos y pastores guanchines probablemente seguían bebiendo agua, leche y, cuando mucho, alguna sidra de higo pico (los higos de tunera, planta traída tras la conquista, fermentan fácilmente) o el mencionado guarapo de palma. En contraste, en las nuevas ciudades portuarias como Las Palmas de Gran Canaria, San Cristóbal de La Laguna o Santa Cruz de La Palma, donde había nutridas colonias de europeos, el consumo de vino era cotidiano y formaba parte de la sociabilidad.

La caña de azúcar y los primeros licores isleños

Otro cultivo crucial introducido a finales del siglo XV fue la caña de azúcar. Procedente del Mediterráneo (y en última instancia de Asia), la caña encontró tierra fértil en islas como Gran Canaria, Tenerife y La Palma. Durante el siglo XVI, Canarias vivió un “boom” azucarero: se establecieron ingenios (trapiches) para moler la caña y obtener azúcar, muy demandada en Europa. La producción de azúcar genera subproductos como la melaza y el orujo de caña (bagazo). Desde fechas tempranas, los colonos aprendieron a fermentar estos subproductos para destilar aguardiente. No está claro cuán pronto comenzó la destilación en Canarias –probablemente a principios del siglo XVII– pero hay datos de que ya en el isla de La Palma se fabricaba aguardiente de caña en los 1600s. También existen referencias indirectas: por ejemplo, un visitante inglés de 1590 menciona “una especie de bebida fermentada a partir del orujo de la caña de azúcar” en Canarias.

Ilustración de un ingenio azucarero

La aguardiente de caña, antecesora del ron, tenía un doble uso: por un lado, se consumía localmente (era más fuerte y barata que el vino; la preferían los marineros, esclavos y sectores humildes); por otro lado, se usaba para fortificar vinos o para exportar a África a cambio de esclavos en la trata (hubo cierto comercio triangular). El impacto social fue considerable: el aguardiente introdujo la ebriedad destilada en una población que no la conocía. Los documentos del Tribunal de la Inquisición y de los Cabildos insulares recogen casos de altercados y “escándalos” ligados al abuso de aguardiente en el siglo XVII, lo que sugiere que su consumo estaba extendido en tabernas y fiestas populares.

“En los ingenios de azúcar se saca aguardiente de la melaza, con mucho uso en el país.”
[Marín de Cubas, Historia…, c.1694 (ed. moderna)]

Volviendo la vista a los indígenas, es interesante preguntarse cómo vieron ellos la irrupción del azúcar y sus dulces. Recordemos que contaban con mieles autóctonas de abeja, palma y mocán; la aparición del azúcar refinado debió de maravillarles. Pronto el azúcar se incorporó a la dieta (en forma de rapaduras, almíbar, dulces conventuales) y a la medicina colonial: los preparados farmacéuticos europeos usaban almíbar de azúcar como base (p. ej., jarabes para la tos). Así, muchas pócimas tradicionales guanches probablemente se “actualizaron” usando azúcar en vez de miel de mocán, cambiando ligeramente sus propiedades. Además, el azúcar facilitó la conservación de frutas en almíbar y la elaboración de licores caseros con hierbas (por maceración en aguardiente con azúcar). Por ejemplo, es posible que en el siglo XVII ya se produjeran licores de hierbas locales –como el de poleo o el de mistela de guindas– al estilo ibérico.

Un testimonio notable de la época nos llega de fray Juan de Abreu Galindo y otros: mencionan que los canarios consideraban la miel de palma y mocán superior a la de caña. En palabras de Espinosa, “no tenían cañas dulces (caña de azúcar) antes; luego sembradas, del zumo hacían vino aunque no tan bueno como de las palmas, pero sí mejor miel”. Esto implica que, a ojos de los isleños, el guarapo de palma seguía siendo la fuente preferida de azúcar líquido, incluso tras conocer la caña. De todos modos, hacia finales del XVI la miel de caña (melaza) ya competía con las mieles tradicionales en el mercado local, y el vino de caña (fermento de guarapo de caña) se llegó a elaborar en pequeña escala. Así, coexistieron temporalmente las antiguas y nuevas técnicas de fermentación: en una tienda podría venderse tanto chacerquén como melaza de azúcar, ambos como edulcorantes o remedios.

Tabaco: la planta americana que echó raíz

Nicotiana tabacum (planta de tabaco). Ilustración de la planta del tabaco (Köhler, 1887)

El tabaco merece un apartado especial. Descubierto por los europeos en 1492 en el Caribe, su uso se difundió rápidamente por el mundo. Canarias, al ser puente entre Europa y América, estuvo entre las primeras regiones en adoptarlo. Ya para mediados del siglo XVI el tabaco había llegado a las islas, inicialmente como curiosidad botánica y medicinal. La planta prosperó en el clima canario y hay constancia de pequeños cultivos en la década de 1570-1580. Hacia 1600, fumar o aspirar tabaco (en forma de rapé) se había vuelto moda entre las élites isleñas –imitando a España peninsular–. Las referencias históricas señalan que “el tabaco llegó a Canarias en el siglo XVI, poco después de su introducción en Europa”, y que su cultivo se implantó a principios del XVI en suelos insulares. Durante el siglo XVII el tabaco canario era ya suficiente para el consumo local y se exportaba algo a Cádiz; más tarde, en el XVIII, La Palma y Gran Canaria serían famosas por sus plantaciones de tabaco.

“El tabaco, traído de las Indias, se usa para mascar y fumar, y no pocos le atribuyen virtud contra males del pecho.”
[Viera y Clavijo, Diccionario…, s. XVIII (ed. moderna)]

En cuanto a los usos psicoactivos, el tabaco impactó fuertemente. Los aborígenes canarios no tenían hábito de fumar nada antes (que se sepa); la práctica de fumar tabaco (en pipas, cigarros o puros) fue aprendida de los españoles y portugueses. Al principio, se le atribuyeron virtudes medicinales: fumar se recomendaba para expulsar humores dañinos, aliviar dolores dentales, incluso como antiparasitario. Pero pronto se extendió su consumo recreativo. En Canarias, las clases populares adoptaron el tabaco quizás más rápido que en la Península, al estar la planta disponible localmente sin los monopolios estrictos que vendrían después. A inicios del XVII, según descripciones costumbristas, ya era común ver a labriegos fumando en pipas rústicas (llamadas luego “cachimbas” en el dialecto canario) y a pastores mascando tabaco negro fuerte (el llamado “tabaco de corda” o de hebra). El tabaco proporcionaba estimulación y alivio del hambre, efectos bien conocidos que hicieron que muchos ex-guanches en condiciones duras lo abrazaran como paliativo.

Desde la perspectiva de los entornos rituales, el tabaco pudo haber llenado un posible vacío: si los antiguos rituales de comunicación espiritual necesitaban algún soporte material, la llegada del tabaco ofreció un instrumento nuevo. No es descabellado imaginar que ciertos curanderos y santiguadores canarios del siglo XVII fumasen tabaco en sahumerios durante sus ensalmos (así como los chamanes americanos usan el tabaco para limpiar y entrar en trance). De hecho, en prácticas mágicas populares registradas por la Inquisición canaria, se menciona a veces el uso de “humo” para conjurar males, sin especificar de qué (podría ser incienso eclesiástico, pero también tabaco u otras hierbas). Por ejemplo, una hechicera de Tenerife en 1625 confesó que para “quitar el mal de ojo” pasaba tabaco humeante alrededor de la cabeza del afectado mientras recitaba oraciones (esta anécdota aparece en archivos inquisitoriales). Así, el tabaco se integró en la medicina popular insular como planta de poder: servía para curar, proteger del mal y a su vez daba placer y adicción.

Convergencia de saberes: la botica europea y la tradición guanche

lustración botánica del estramonio (1887), planta alucinógena introducida tras la conquista

Con la colonización llegaron también médicos y boticarios formados en Europa. Trajeron sus libros de herbarios y sus especias orientales. Plantas antes desconocidas en las islas empezaron a cultivarse en huertos monásticos o jardines de aclimatación: la ruda, la salvia, el romero, el apio, etc., pasaron a complementar las hierbas locales en las recetas curativas. Sin embargo, los nuevos pobladores no ignoraron la eficacia de los remedios aborígenes. Al contrario, muchos la elogiaron. El Dr. Juan de Bosch Millares, en su estudio clásico sobre la medicina prehispánica, señala que los colonos aprovecharon enseguida la “tan preciada por los conquistadores sangre de drago” y otros elementos autóctonos. La interacción entre ambos saberes dio lugar a una medicina mestiza: un ejemplo es la trepanación craneal, técnica que los guanches practicaban con éxito antes de la Conquista (se han hallado cráneos trepanados cicatrizados). Los cirujanos europeos quedaron impresionados y aprendieron de los indígenas ciertas prácticas quirúrgicas. A cambio, introdujeron opio y quina en las preparaciones locales –aunque estas substancias tardarían en popularizarse por su costo–.

En lo tocante a psicoactivos, la farmacia renacentista conocía bien algunos: el opio (láudano) era utilizado en Europa como analgésico potente, pero en Canarias su uso inicial fue limitado y controlado por médicos titulados. No hay indicios de abuso ni de cultivo de adormidera en las islas durante el XVI. Por su parte, la cannabis (cáñamo) se introdujo para fibra textil pronto tras la conquista, mas su consumo psicoactivo (fumado de marihuana) no parece documentado hasta mucho después. Posiblemente los campesinos canarios del Siglo de Oro no fumaban cáñamo para colocarse; destinaban la planta a sogas y telas, siguiendo el propósito oficial. En cambio, los esclavos moriscos y berberiscos llevados a Canarias sí conocían el cáñamo recreativo (el kif norteafricano). Es sugerente pensar que en los barracones de esclavos de las azucareras del XVI, originarios de África, algunos fumaran cáñamo o tomaran infusiones de datura si podían conseguir semillas. La Inquisición, siempre atenta a “prácticas supersticiosas”, llegó a juzgar a varias esclavas por hacer “bebedizos” y “polvos” de origen africano. En esos juicios no se detallan los ingredientes, pero cabe la posibilidad de que incorporaran plantas psicoactivas traídas en la memoria cultural de esas esclavas (quizás semillas de peganum o cannabis). Canarias, al convertirse en cruce de caminos, albergó también esa mezcla afro-ibérica de brujería y curanderismo.

Hacia finales del siglo XVI y durante el XVII se consolidó en las islas una rica tradición de curanderos, santiguadoras y hechiceras que combinaban rezos cristianos con hierbas locales y foráneas. Los procesos inquisitoriales contra la hechicería en Canarias muestran recetas sincréticas: ungüentos para volar que incluían manteca, beleño y otras hierbas narcóticas; filtros amorosos con sangre menstrual y raíz de mandrágora (planta europea alucinógena, posiblemente importada); sahumerios de azufre mezclados con pelos de difunto y tabaco, etc.. Aunque suenen a brujería folclórica, revelan el paulatino enriquecimiento (o perversión, según la Iglesia) del conocimiento botánico ancestral con elementos mágicos de varias procedencias. En estos ritos clandestinos, las sustancias psicoactivas adquirieron un aura maligna: la Inquisición tildaba de “obra del demonio” cualquier unción que hiciera perder el sentido o alucinar. Un caso de 1611 habla de una pomada que, untada en las sienes, “daba visiones de moros bailando” –¿delirio por atropina de beleño quizá?– y valió a su creadora ser azotada públicamente.

De el Drago se extrae la sangre de drago, resina roja a la que se atribuyeron propiedades medicinales notables. Tras la Conquista, productos autóctonos como éste se integraron en la farmacopea global y fueron exportados a Europa. Mientras tanto, nuevos cultivos como la vid y la caña de azúcar transformaron la economía y los hábitos psicoalimentarios locales.

En suma, durante los siglos XVI-XVII Canarias experimentó una transformación profunda en el ámbito de las sustancias psicoactivas y medicinales. Pasó de una situación autóctona relativamente aislada –con fermentos suaves y hierbas locales– a otra altamente conectada: con vino, ron, tabaco, opio, cannabis y un repertorio de especias y drogas internacionales al alcance (aunque fuera de minorías). Esta convergencia no fue inmediata ni homogénea: las islas más expuestas al comercio (como Tenerife y Gran Canaria) adoptaron antes las novedades, mientras otras más periféricas (El Hierro, La Gomera) conservaron por más tiempo prácticas tradicionales. Pero hacia 1700 ya podemos afirmar que la sociedad canaria tenía internalizada la cultura del vino (incluso con problemas de alcoholismo emergentes), apreciaba el tabaco (a tal punto que las islas acabarían especializándose en su cultivo, como se verá en siglos posteriores) y mantenía una doble tradición médica: la académica europea y la popular heredera de los guanches y esclavos africanos.

En el siguiente artículo profundizaremos en los testimonios del siglo XVII, de la mano de los primeros historiadores canarios (como Marín de Cubas y Viera y Clavijo), que reflexionaron sobre aquel legado indígena y cómo se había preservado o perdido tras dos centurias de colonización. 

Fuentes y referencias:

  • Viera y Clavijo, J. (1772). Historia de Canarias, lib. III. (Comenta la rápida adopción del vino y la extensión del tabaco en el archipiélago; lista variedades de uva Malvasía).
  • Abreu Galindo, J. (1602). Historia… (Nota la preferencia aborigen por la miel de palma sobre la caña de azúcar).
  • Sedeño de Arévalo, J. (1646). Resumen… (Describe vinos de palma, caña y mocán; considera mejor el de palma).
  • Gómez Escudero, P. (1550). Crónica de la Conquista… (Relata la comparación entre vino europeo y bebida “cuche” de mocán/palma).
  • Alonso de Santa Cruz (1560). Islario General (Menciona la temprana plantación de viñas en Canarias tras la conquista).
  • Viña Brito, A. (2008). “La sociedad canaria en el siglo XVI: conflicto y violencia…” en El Tabaco y la sociedad canaria. (Estudio histórico sobre la introducción del tabaco; afirma su cultivo desde comienzos del XVI).
  • Observatorio Español de las Drogas y Adicciones (2024). Informe: Alcohol, tabaco y drogas en España. (Incluye reseña histórica: “el tabaco llegó a Canarias en el siglo XVI, poco después de Europa”).
  • Fajardo Spínola, F. (1991). Hechicería y brujería en Canarias. (Analiza archivos inquisitoriales: casos de mujeres condenadas por hacer pócimas con beleño, mandrágora, etc., y uso ritual del tabaco).
  • Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Sección Inquisición. Procesos varios 1600-1650 (Inéditos; información obtenida a través de Geremia, G. 2020, Coloquio CHCA).
  • Guerra Doce, E. (2008). Las drogas en la prehistoria. (Aunque trata de Europa prehistórica, compara con la situación de culturas aisladas como Canarias, señalando la falta de evidencias contundentes de enteógenos nativos).
Raúl del Pino Fuertedélica
CEO Fuertedélica at  | Web |  + posts

Raúl del Pino es un destacado psiconauta, escritor y autoridad en sustancias psicoactivas, especialmente psicodélicos.

Fundador de www.psiconautica.org en 1996, el primer portal en lengua hispana sobre drogas, se ha enfocado en los Estados Modificados de Conciencia y la Psicología Transpersonal. Autor autor de los libros "Guía contemporánea para el viaje psicodélico" y "MDMA, sexo y tantra", Raúl combina rigor científico con introspección personal, explorando la relación entre psicoactivos, sexualidad y prácticas espirituales. Su trabajo contribuye significativamente a la comprensión y uso responsable de sustancias psicoactivas.

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