“Hay un pico de psicosis en mujeres en torno a la menopausia, del que no se habla por el estigma”

Liliana Galindo y la revolución psicodélica en salud mental femenina

La doctora Liliana Galindo lidera investigaciones pioneras que reescriben el tratamiento de los trastornos mentales graves, combinando neurociencia, psicoterapia y sustancias psicodélicas bajo supervisión médica

En un tiempo en que las enfermedades mentales avanzan como una epidemia silenciosa, un pequeño grupo de científicos está cambiando el modo en que entendemos la mente humana. Al frente de este movimiento se encuentra Liliana Galindo, psiquiatra, profesora asistente en la Universidad de Cambridge y fundadora del Cambridge Psychedelic Research Group. Con voz serena pero firme, Galindo defiende una nueva forma de abordar el sufrimiento psíquico: no como una guerra de fármacos contra síntomas aislados, sino como una intervención quirúrgica en el corazón emocional de la persona.

“Hay un pico de psicosis en mujeres en torno a la menopausia, del que no se habla por el estigma”

“Es un cambio de paradigma”, asegura. Y lo explica con una comparación que resuena con claridad: así como la cirugía requiere anestesia, intervención y recuperación, la terapia psicodélica necesita una sustancia que abra la puerta del dolor emocional, un equipo clínico entrenado y un tiempo de integración para que la experiencia cale y transforme. Frente a los tratamientos farmacológicos tradicionales, muchas veces crónicos y centrados en paliar los síntomas, las terapias psicodélicas se proponen abordar la causa raíz del trastorno en un periodo corto pero intensivo.

Una ciencia con raíces ancestrales

Aunque la medicina occidental las haya ignorado durante décadas, las sustancias psicodélicas han estado presentes en la historia de la humanidad desde tiempos remotos. En América, culturas indígenas han usado ayahuasca y otros enteógenos durante siglos con fines espirituales y curativos. La novedad hoy no reside en la sustancia, sino en su aplicación científica. Lo que antes era intuición ceremonial, ahora se convierte en protocolo clínico: dosis controladas, contextos supervisados, y terapeutas formados para acompañar un proceso profundo y transformador.

La psiquiatría contemporánea, sin embargo, tuvo que romper décadas de prejuicios para llegar aquí. El estigma asociado al uso recreativo, la ilegalidad y el pánico moral en torno a estas sustancias frenaron durante años su estudio. Hoy, sin embargo, la evidencia comienza a ser abrumadora. En 2019 se aprobó el uso de esketamina —pariente de la ketamina— para tratar depresiones severas. El MDMA (éxtasis) ha demostrado eficacia en el tratamiento del trastorno por estrés postraumático. La psilocibina, presente en los hongos alucinógenos, está mostrando resultados prometedores en pacientes con depresión resistente, trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos alimentarios.

Liliana Galindo, psiquiatra
Liliana Galindo, psiquiatra

El protocolo terapéutico: abrir la mente con seguridad

Pero no basta con tomar la sustancia. Galindo insiste en que estas terapias requieren un marco estructurado. Todo comienza con varias sesiones preparatorias en las que se establece una relación de confianza con el terapeuta, se identifican los objetivos y se explora la historia personal del paciente. Aquí, la psique empieza a calentar motores: se habla de los recuerdos difíciles, de las emociones ocultas, y se ensayan ejercicios de autorregulación para los momentos de angustia que puedan surgir durante la experiencia psicodélica.

Luego llega la sesión principal, donde se administra la sustancia en un entorno seguro y con un terapeuta especializado. A diferencia de la psicoterapia tradicional, aquí el profesional no dirige: acompaña. Es el paciente quien explora, quien conecta con lo reprimido, quien decide qué puertas abrir. En casos de trauma, por ejemplo, la persona vuelve a sus recuerdos más dolorosos para procesarlos desde una nueva perspectiva. El terapeuta es un copiloto atento, no un guía invasivo.

“La neuroplasticidad también puede generar problemas si no se supervisa bien”

Finalmente, al día siguiente, llegan las sesiones de integración. Aquí se trabaja lo vivido. La ventana de neuroplasticidad que abren los psicodélicos —es decir, la capacidad del cerebro para modificar sus conexiones— es aprovechada para reconsolidar recuerdos, resignificar vivencias, y crear nuevas rutas de pensamiento. Estas sesiones, a menudo olvidadas en los relatos mediáticos sobre “viajes psicodélicos”, son esenciales para que la experiencia tenga un impacto terapéutico duradero.

Reiniciar la mente: neurociencia y plasticidad

El efecto de estas sustancias no es solamente psicológico. A nivel biológico, la evidencia apunta a que generan cambios profundos en el cerebro. En el caso del MDMA, por ejemplo, se ha observado un aumento de serotonina, dopamina, noradrenalina y oxitocina, esta última conocida como “la hormona del apego”. La oxitocina, que se libera en grandes cantidades durante el parto o la lactancia, es clave para el procesamiento emocional de experiencias difíciles. Galindo sugiere que su papel en la reconciliación con recuerdos traumáticos podría ser uno de los mecanismos que explican el éxito del MDMA en pacientes con estrés postraumático.

 

Con la psilocibina, la acción se centra en los receptores 5HT2A de la serotonina. Esta estimulación provoca una especie de “reseteo” cerebral que permite salir de los patrones mentales rígidos: la rumiación ansiosa, los pensamientos obsesivos, las creencias distorsionadas sobre uno mismo. En pocas sesiones, muchos pacientes experimentan una apertura cognitiva que les permite reinterpretar su vida desde otra óptica.

No todo vale: límites, riesgos y la importancia del contexto

A pesar del entusiasmo, Galindo es prudente. Estas terapias no son una panacea, ni están exentas de riesgos. En contextos inadecuados, sin supervisión o con dosis incorrectas, pueden surgir efectos adversos. “No son inocuas”, recuerda. Y añade: “Pero ningún tratamiento lo es. Todo depende de la dosis, del contexto y de la persona que lo recibe”.

Una parte crucial de la investigación actual se centra precisamente en identificar qué tipo de pacientes se benefician de cada sustancia. No todas son adecuadas para todos. También se estudian los antecedentes personales, los trastornos previos, la historia familiar y la susceptibilidad a efectos secundarios. El objetivo es claro: aplicar con precisión, no generalizar.

Galindo teme que la moda de los psicodélicos los convierta en un producto más del mercado del bienestar, banalizando su poder y poniendo en riesgo a quienes los consumen sin la estructura adecuada. “La clave está en el marco terapéutico”, insiste.

MDMA PTSD TEPT

Psicosis, menopausia y el tabú que persiste

Además de su trabajo con psicodélicos, la doctora Galindo lidera estudios sobre psicosis y detección temprana. Explica con claridad cómo estas alteraciones de la percepción pueden apoderarse de la mente de una persona hasta convertir una idea delirante en el eje de su vida: sentirse perseguido, creer tener poderes, interpretar cada gesto del mundo como una señal. A estos delirios, se suman a veces las alucinaciones, sobre todo auditivas, casi siempre acompañadas de un miedo paralizante.

La ciencia ya sabe que la psicosis suele debutar antes de los 20 años, y que es más común en hombres. Pero Galindo llama la atención sobre un fenómeno del que apenas se habla: un segundo pico de aparición de la psicosis en mujeres, coincidiendo con los cambios hormonales de la menopausia. “Hay mucho estigma y silencio, pero existe”, advierte. Lo importante, dice, es detectar los primeros signos. En esos momentos iniciales, se producen procesos inflamatorios que pueden alterar de forma duradera la memoria y las capacidades cognitivas si no se interviene.

El modelo de intervención precoz, pionero en Australia y adoptado por varios países, consiste en un acompañamiento intensivo durante al menos tres años, con apoyo psicológico, médico y social. El objetivo: que la persona recupere su vida anterior. Y, sobre todo, que entienda qué le ocurrió, aprenda a reconocer las señales de recaída y se mantenga en tratamiento.

“El deterioro no es inevitable”, concluye Galindo. Lo que hace falta es actuar pronto, con medios, con ciencia, con empatía. Y también, con coraje para hablar de lo que aún no se nombra.

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Fuente: El País

Raúl del Pino Fuertedélica
CEO Fuertedélica at  | Web |  + posts

Raúl del Pino es un destacado psiconauta, escritor y autoridad en sustancias psicoactivas, especialmente psicodélicos.

Fundador de www.psiconautica.org en 1996, el primer portal en lengua hispana sobre drogas, se ha enfocado en los Estados Modificados de Conciencia y la Psicología Transpersonal. Autor autor de los libros "Guía contemporánea para el viaje psicodélico" y "MDMA, sexo y tantra", Raúl combina rigor científico con introspección personal, explorando la relación entre psicoactivos, sexualidad y prácticas espirituales. Su trabajo contribuye significativamente a la comprensión y uso responsable de sustancias psicoactivas.

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